Me insinuaron abortar pero dije que no

Tengo una hija de 4 años, la tuve a los 35 años porque por diferentes motivos fui retrasando la maternidad. El año pasado con mi marido decidimos darle un hermanito y quedé inmediatamente embarazada, pero al ir a la primera eco nos dieron la triste noticia de que nuestro bebé no tenía latidos.

Sentí que fue lo más terrible que nos pudo pasar, pero nos pusimos nuevamente de pie. Mi doctor dijo que lo podías volver a intentar y quisimos dejar todo en manos de Dios.

A los dos meses de esa pérdida nos enteramos que nuevamente estaba embarazada, fuimos a la primera eco y la gran sorpresa fue que eran gemelos, uno era más pequeñito y siempre me dijeron que podía dejar de latir. Así fue, a las 8 semanas uno de mis bebés dejó de latir, pero siguió creciendo el otro, que resultó ser una niña, nuestra amada Paulita.

Todo iba bien hasta las 25 semanas, cuando en la eco le encontraron algunos problemas, entre ellos una cardiopatía y pie bot.

Nos enviaron a una clínica donde se especializan en embarazos complicados, me hicieron un examen y se determinó que nuestra bebé tenía Trisomia 18, una enfermedad incompatible con la vida.

Nos insinuaron inducir el parto, eso para nosotros era como hacer un aborto disfrazado con otra palabra, no quisimos y decidimos seguir adelante. Quisimos que nuestra hija viviera el tiempo que Dios y ella quisieran.

Fue triste llevar en mi vientre a una bebé que sabia que estaba destinada a tener una vida corta, pero decidimos darle todo nuestro amor mientras estuviera con nosotros.

Finalmente nació a las 33 semanas de gestación, pudimos ver sus ojitos y sentir su calor y respiración por 1 hora y 30 minutos, que fue el tiempo que estuvo en esta tierra.

Sin duda mil veces volvería a elegir tenerla durante 33 semanas en mi vientre y 1 hora y media en mis brazos en lugar de haber abortado. Sólo eso me bastó para amar eternamente a mi pequeña.

Noticias relacionadas

Tu cuerpo no es tuyo

El psiquiatra judío Viktor Frankl, sobreviviente de un campo de concentración nazi, escribió en El hombre en busca de sentido: “Nada teníamos ya salvo nuestros cuerpos […] lo único que poseíamos era nuestra existencia desnuda”.

Seguir leyendo →